**De mi ronco pecho y supervisada por el Lic. José Robles
Llega septiembre y los adornos tricolores invaden casas, autos y edificios públicos. Lo cierto es que, en este 2011, nadie se traga el orgullo de la independencia de México. Todos son símbolos superficiales, visos de una patria que sólo celebra “de dientes para fuera”.
El ambiente nacional está enrarecido. De una nación robada, hablan las 50 mil muertes originadas de la lucha entre gobierno federal y la delincuencia organizada, combinadas con sucesos dolorosos que quedarán grabados en la historia, como el atentado al Casino Royale que cobró 53 vidas.
La corrupción es más evidente en las esferas políticas y empresariales. Los delincuentes, alarmantemente, influyen cada día más en el rumbo que toma el país. Las problemáticas usuales, como la pobreza y el desempleo, se han empequeñecido. Y no porque hayan sido solucionadas, sino porque son supeditadas por la violencia en el territorio nacional, ahora la preocupación número uno de la sociedad.
México vive en vilo. Despierta sintonizando los noticieros para informarse sobre nuevos sucesos, los más malos de la historia. Reza antes de salir de casa para que no le suceda nada, ni a nadie de los suyos. El miedo se ha convertido en uno de sus peores enemigos a vencer, en una patria que ha confirmado la no-independencia que se venía presumiendo hace años y que ha dejado de pertenecer a los mexicanos.
Entonces de nada sirven las banderas de plástico y tela que ondean en el cofre de los autos. Ni los brindis y los antojitos que preparan las familias mexicanas para compartir en los festejos de una patria herida. Mucho menos los vítores para México que salen desde los palacios de gobierno de todos los estados.
El Grito tiene gusto amargo cuando los asistentes tienen de luto el corazón que antes era tricolor. Cuando saben que festejan una gran mentira, una independencia que se ha fugado de las manos para morirse en el regazo de la inseguridad.
Y el mexicano anhela aquella independencia que dio sus primeros pasos en 1810. En el año vigente, anhela recuperar los espacios públicos y caminar sin pensar que puede ser sorprendido por una balacera, anhela levantar el teléfono sin ser víctima de la extorsión y mandar a sus hijos a la escuela sin la psicosis de que pueda sucederle algo.
Por ello, las redes sociales convocaron este año a no asistir al Grito, a guardarse en casa no sólo por seguridad, sino como un acto simbólico de protesta a las autoridades. Para dejar en claro que no queda libertad para festejar, que la sociedad entiende el momento sensible por el que atraviesa la nación y clama por recuperar todo lo que la ha sociedad ha perdido.
Este mes debe concluir con una reflexión sobre México que genere no sólo opiniones sino acciones. La sociedad no está peleada con las autoridades, está desesperanzada. Y aún con ello, ansiosa porque el sentimiento patriótico vuelva a colarse en sus huesos.
PUBLICADA EN LA REVISTA LLAVE ED. 491 (15-SEPT-2011)
PUBLICADA EN LA REVISTA LLAVE ED. 491 (15-SEPT-2011)
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