· Cada habitante del Fracc. Costa Verde podría contar lo mismo
Sandra Manrique García
Mirábamos la tele cuando los sonidos sordos irrumpieron por la ventana.
Mute instantáneo. El cuestionamiento ¿son balas?
Grité a mi novio que se quitara de la puerta. Las balas llegan por donde menos la esperan.
Mi casera gritó desesperada ¿Qué es eso?
Y fuimos escalera abajo, con todo y laptop.
Tuiteé preguntando si lo que escuchaba eran balas, que quería información.
Esperaba que fueran fuegos pirotécnicos por el Festival de la Salsa.
Los tronidos sonaban a balas, las ubicábamos a la altura del boulevard. Pero ni cómo saberlo.
Un RT en twitter confirmó lo que suponíamos. La balacera estaba en el Lois, la gente de los negocios cercanos estaban pecho a tierra, incluso circulaba una fotografía.
El terror creció en un segundo.
Las ráfagas se oían en la esquina de la casa (Costa Verde, esq. Américas).
Todos pecho a tierra.
Aterrada, mi casera cerró la puerta y corrió a despertar a su hija.
Los tweets llegaban a razón de 20 por segundo.
Querían advertir a la gente que se alejara del fuego.
Costa Verde y Lois eran TT.
La colonia entera era presa del miedo. Todos estábamos en el piso, cubriéndonos con la mayor cantidad de muros posible.
Y las balas no se detenían.
Sin contar el tiempo transcurría eterno.
Nos sentíamos rodeados.
Mi casera decía que nunca había sentido tanto miedo en su vida. Temía que alguien, por esconderse, quisiera entrar a la casa.
Se oían acá y allá más lejos. El sonido cercano me recordaba a una pistola de balines accionada junto mi oído. El distante podía confundirse con fuegos artificiales, pero el pulso delataba que eran armas de fuego.
En la red anunciaban una balacera en todas partes.
Por el hospital regional decían que la escuchaban cerca.
Nosotros la escuchábamos cerca, pero al parecer la persecución se había prolongado a la avenida Américas.
En varias ocasiones nos incorporamos, pero tuvimos que regresar al suelo cuando se reanudaban las balas.
En internet ya circulaba un video captado por huéspedes en el Lois.
45 minutos aproximados llevábamos en el suelo cuando dejaron de escucharse los ruidos que dan miedo.
Las quejas contra las autoridades caían a raudales en twitter.
Llegó la nota de XEU, brevísima.
Al rato completa en e consulta.
Twitter llevaba las primicias.
Ahora se rumoraba que estaba en Costa de Oro, luego que en la Tampiquera. Nada confirmado.
Con los estruendos cada vez más lejos nos sentamos a esperar que terminara el estado de alerta.
Ahora eran los helicópteros de la marina los que nos asustaban. Parecía zona de guerra, se sentían volar sobre nuestras cabezas.
Rondaron la zona de la génesis del enfrentamiento por un largo rato.
Eran la 1 30 de hoy y la gente se quejaba de que, después de la tragedia, no dejaran dormir.
Al fin vino la calma…eran casi las 2.
Alejarse de las ventanas para dormir era lo único que quedaba.
Y es que la sicosis generada no se apagaría el mismo día.
Hoy.
Frente al Lois hay residuos de vidrios de auto.
El Domino’s está destrozado.
Desconocemos cuántos inocentes fueron afectados.
Vayan a la fregada los del “fin del mundo” con sus tonterías.
Las balas son las que tienen en vilo a nuestro México.
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